viernes, 26 de julio de 2013

Pintalo de negro

.Llego la dueña del bar y me dijo: -Israel necesito que le metas mas color a las paredes , esto esta como muerto con solo azul y rojo , quiero colores, así como los vestidos de verano que traen esas chicas lindas, no se haz algo , quiero mas color. -Que. Le pregunte, pero se a vuelto mas loca aun? Si de echo camino acá tome la desicion de pintarlo todo de negro. Si. Al ver la fila de autos frente a... mi, todos pintados de negro. Llego, veo la puerta roja, y pienso que ningún color le vendría mejor, deseo verla de negro, No mas rojo y azul cambiare al negro, negro como mi corazón, negro como la noche , negro como el carbon, es mas quiero ver el puto sol borrado del cielo. -Pero que dices cabrón?, me grito, inclinando la cabeza hacia la mía.-La mire fijamente a los ojos y le conteste. -Que mi amor nunca regresara Jaz nunca regresara. -Te volviste a drogar verdad recabron?, Estoy actuando una rola de los rolling, chiales jefa , esta bien que color hay que meter ?, jajahahahaaakajahaaa, pinche Israel ahora si que me sacaste un pedo. Pus no se, tu eres el artista no yo. Esos cartones que hacen ahí chingaos, grito, mientras yo miraba y pensaba en que putos colores voy a meter.

Mi hermanita

Hace menos de una hora llego mi hermana con todo y su desmadre con el que acostumbra llegar, Antes de decir buenos días o algo por el estilo así como algo cortes, no medijo, -Hay Israel mírate esa manos que sucias estan, labatelas cabrón sucioooooo, recalcando la oooo. -Ayy cuando desaparecerán todas esas nubes de tus ojos? conteste Es oleo, oleo, sabes lo que es eso el rey de los materiales artístico, que te escuchara el maestro Turner ya te hubiera dado en toda la madre, el pintaba con los dedos y hasta le escupía a sus cuadros para diluir el oleo y hacerlo maleable. -Ay que asco esos no son artistas son faroles como tu. - Pues hoy tu te vez hermosa, agregue. -Mamiiiiiii, mira a israel ya me empezó a molestar, grito.

Con mi viejo caballo de palo.

Me encuentro sentado frente al licenciado del ministerio publico de coyoacan, acá en av. Miguel Angel de Quevedo . Después de esperar cerca de cuatro horas , por fin me atiende. -Cual es su denuncia? -Mire , vengo a levantar una demanda en contra de Chale Zapata. - Bajo que cargo o delito? me pregunta. -Pues vera, es una criminal, me esta matando lentamente y a su vez me esta orillando al precipicio del suicidio, aparte de robo, es una ladrona , me roba el sueño, mi tranquilidad, se robo mi corazón, mi tiempo, no dejo de pensarla, todo , todo ,todo, me recuerda a ella, recuesto mi cabeza en la almohada y la funda blanca que la cubre, ella me la dio, la cobija con la que me cubro , ella me la dio, veo la mancha roja en mi cobertor y ella la dejo ahí después de pecar, la retiro y la mancha sigue hasta el colchón. Al sonar la campana de la basura, me levanto, limpio las gotas de mi melancolía, entro al cuarto donde fumo, busco ropa y veo entre ella un vestido de verano, escotado, de tirantes, con figuras con colores ocres, es decir: cafesitos, rojos, mamey, es de ella, lo lucia con gran jovialidad, me ponía viril, lo escondo, cuando lo escondo descubro un color azul claro una tela con puntos amarillos, si , es un chon, un chon hermoso, el cual baje con delicadeza en alguna ocasión y que jamas volvió a subir. Volteo y trato de encontrar algo que cubra el alboroto de mi cabello y entre seis o siete gorros que tengo, solo logro ver el rojo que ella me dio. Salgo, opto por salir desnudo, asi de desnudo como ahora estoy ante usted, le confieso que la amo, que todo esto ha sido mi culpa, pues volví a consumir, mentí, hable de mas, dije cosas espantosas, salieron sapos y escorpiones de mi boca, me ausente, heri de muerte con la lengua. Tomo sus tijeras y trato de cortarla. -No , nooo, nooo. Grita, entran a la oficina dos oficiales uniformados quienes me someten de una forma nada amable. - Déjenlo, dice el licenciado. Acompáñame , indica, me lleva a otro cuarto y me prepara un te sin azúcar, amargo, no mas que el sabor de mi boca, respire tres veces, lentamente , sin lastimarse, ahora beba su te, joven, beba. Lo tomo. - La amo licenciado, la amo con toda el alma, se que he fallado, pero no quiero, no puedo volver a perdería, ya la perdi hace 5 años, llevo 5 meses con ella y no la puedo perder nuevamente, - Que es de ti? - Ahorita , ahorita , lo que es ahorita, no lo se , me dio una semana para pensarlo, para decidir, yo le dije que me hablara al Chile que si había alguien me lo dijera que lo entendería muy bien , pero ella insistió en que no hay nadie, que solo necesita pensar las cosa que esta confundida que ni loca pensaría en alguien mas, que solo necesita tiempo que su psicologa le dio una tarea que ella necesita resolver. Una semana usted cree? apenas va un dia y ya no puedo mas señor licenciado. Encierre-la, es mas encierre me a mi también junto con ella, condene-nos a cadena perpetua en la misma celda, prometo ser relajado, me conformo con una comida al dia, pluma y cuaderno, unos pinceles y no pido mas. Observo la taza del te y es idéntica a la que ella me dio, recuerdo el pocillo donde a diario caliento mi cafe, ella me lo dio, vuelvo a pensar en ella. Hace apenas un rato , antes de ir al mercado de Jamaica, lave mis dientes y vi su cepillo, seco, seco, seco, igual que las rosas que un dia me dio, prendo la TV para distraer mi mente y tambien esa TV ella me ladio, escucho la radio y es que tambien la radio, ella me la dio, " Ella me lo diooo" - grito mientras me lebanto y extiendo mis brazos mirando al techo blanco del cuarto, ella me lo diooooo!!!, -Rie entre dientes. - Le parece un chiste cabron corbatudo ? Cree que es un pinche chiste este sentimiento que me asfixia, esta angustia que me esta matando? este sentimiento que me desgarra el alma, que no me ha dejado dormir por mi imaginacion, por estos celos que me atormentan y me hacen estar sin razon, no he podido dormir en 7 dias, mireme, mireme bien cabron, este aspecto no es el mio, no me encuentro nada sano, y usted rie? - No, mire joven, para nada, no , no no no noooo, no no. Como te llamas? - Israel , Israel Ocampo, el apunto en una hojita, me levante para corroborar que lo escribiera bien , mire el papel y dije, si , si asi esta bien escrito, es que luego escriben Israel con doble " r " y eso esta mal , muy mal. - Oyes Israel y todas esas rosas? pregunto señalando el gran numero de flores que llevaba y que deje en su oficina. -Son para ella, se las debo, trabaje duro para comprarlas, mire voy como zoombie sucio por las calles manejando sin precaucion ya no se ni que quiero temo no llegar a su casa la quiero encerrada junto a mi o no se bien pero tal vez no llegue a mi destino, pues hasta ahorita ya me he salbado de varias , me la han fiado, asi que por si no llego quiero dejar un testimonio, mire yo no soy la borrega pero ya no se que hacer, temo que me engañe, muero a cada minuto de celos pues antes hace una puta semana antes de agarrar el pedo nuevamente por cuarta vez en cinco meses que llevamos , mi teléfono ha dejado de sonar , anteriormente me marcaba a cada hora desde las siete de la mañana hágame el chingado favor, ahora no suena , si acaso sono ayer una sola vez pero hoy nada hoy nada señor licenciado.La amo señor licenciado , la amo y bien cabron, estoy arrepentido. Lloro a chorros. Me toma de la mano, me levanta, me da un fuerte abrazo paternal, me toca y soba la cabeza lenta y cariñosamente, la recarga en su hombro, lloro mas fuerte asi a moco suelto, - Se fuerte , todo va a estar bien, tranquilo hijo, escucho el chillido de la puerta, entran nuevamente los dos oficiales. - Todo bien mi lic? Solo escucho, no miro mas. -Si , si todo bien , cierren esa puerta. Lloro incontrolablemente, tratando de incrustar mis dedos como espinas en sus espaldas planas. Recuerdo las indicaciones de la respiración, respiro, respiro profundamente y exhalo sin lastimarme una dos tres veces, ahhhh. Nos dirigimos nuevamente a su oficina. Ese pinche te , no se que diablos tenia que me solto la lagrima a chorros, estaba imparable, pensé que tal vez contenia esa formula que le dan a los delincuentes para habalr con la verdad , esa droga de la verdad. Estabarelajado después de mi debud, como mas ligero, en mi mente solo estaba ella, pero ahora limpia, sin cargos. Limpie mis lagrimas , vi fijamente al licenciado del ministerio publico, y dije: " No al lugar " Cancele mi demanda, tome este billetito para cubrir sus honorarios. - No mames Israel, israel ocampo, Yo mismo he pasado por lo mismo esto no es nuevo, le pasa a toda la gente, te entiendo perfectamente, yo traigo esas mismas cicatrices que tu tienes en el cuello, solo que mis sicratices son internas y han sanado. Si dios decide que es para ti ahi estara y si no pues déjala ir, no es para ti. Eso si lucha por recuperar la por sanar lo que dañaste, comienza por quererte a ti mismo para que puedas dar amor cabronsito, entra en comunion con la naturaleza, lucha por su amor, corre por su amor, corre por su amor. Grito. - Si, si siii, grite. - Corre isra, coore por ese amor. - Si, si , si voy, tome las lores sali corriendo, despues rodando a toda velocidad mientras escuchaba la voz del iluminado licenciado vole hasta la casa de ella, al llegar la vi en los brazos de un guerito quien la sostenia con amplia confianza, se estaban despidiendo, ella me miro, el la estaba besando. -No codiciaras a la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo, pinche guerito argentino de mierda. Grite mientras le atizaba un chingadazo en sus labios pecadores, ella volteo y me grito - Que te pasaaaa? Matir, Martir, estas bien, sorpresibamente para ella y tambien para mi, le di un bofetadon. El salio corriendo y ella tras de el. Llego la patrulla y nuevamente estoy enfrente del iluminado licenciado del ministerio publico , ahora bajo los cargos de lesiones y daños contra la salud, pues me encontraron un paquete que jamas había yo visto. Hago mi llamada. - Mi Karla estoy en los separos, como esta el bebe?- Bien mi amor, y que haces ahi, por que no has llegado a la casa? - Te explico luego necesito ropa beigs, y mi viejo caballo de palo, te amo.

El kun-fu Panda de la Meche

El Kunfu Panda de la meche. No se que les pasa a los automovilistas en viernes y en especifico a los taxistas , no tengo nada personalmente en contra de ellos pero pareciera que ellos si contra mi persona cuando los rebaso carril tras carril, retomo que no tengo nada en contra de ellos y es que por el contrario los admiro pues se que es una completa chinga estar al volante expuestos al sol , y lo mas loco trabajar en el trafico , eso si es digno de admirarse , es un empleo tan admirable como el de un caramelero quien también tiene que lidiar con chóferes mal encarados quienes le cierra la puerta en sus narices y así, créanme también es difícil , no hay nada como pintar y escribir sin presión alguna, en fin por el momento es mi necesidad narrarles lo que ayer me aconteció con o contra un taxista. Después de un cierre espectacular-mente librado por mis dotes de conductor , logre no estamparme en la parte trasera de un auto taxi el cual freno sin precaución ni la mas mínima responsabilidad, me le empareje y le grite ERES UN PENDEJOOOOO, me miro frunció el seño chinga tu madre le dije como despedida y arranque , escuche como acelero y comen-so la persecución , después de dos semáforos en rojo me alcanzo lo vi bajarse y venir hacia mi tras cerrar su puerta de un taconazo típico de un futbolista el cual dominaba plenamente la bola. Me di cuente de que quería bronca, baje de mi moto coloque bien el posa-pie , puse mi guardia, el tras cerrar la puerta dio un giro y puso su guardia de karateca, pesaba como 177 kilogramos , estaba bien rechoncho. Dio un giro mas soltando un grito de karateka volvio a poner su guardia y grito yiaaaaakc, me hice para atrás sin bajar mi guardia y me dije (en la madre kunfu Panda en persona) dio patadas que llegaban a la altura de mi estomago ,vi su completo esfuerzo por lograr alcanzarme con una de ellas. "Hay no" me dije, ahora si que estoy en un aprieto ridículo, los claxon sonaban y de-repente un conductor grito - Ya dense en toditita la madre yo me seguir haciendo para atrás , en una de esas patadas dio un salto callo mal y se lastimo el tobillo, empezaba a chispear, le extendí la mano se levanto y me dijo - Para que aprendas pendejo,,, esta vez me resbale , pero para la próxima te rompo toda la madre,,, heeeeee, si si dije disculparme kunfu panda no era mi intención molestarte . -Que que? no nada que me disculpes, tenia ganas de pedirle su autógrafo pero crei que era demasiado , los autos tocaban sus claxon, encendí a lucie y me marche agradeciendo no haber sido alcanzado por uno de esos brutales pasos de kunfu.

lunes, 17 de enero de 2011

YO NO ME ROBE EL COSTAL DE PATITAS DE POLLO

Después de un mes de intenso consumo, logre descansar , una voz suave interrumpió este logrado descanso, eran las doce con treinta minutos de veintitrés de octubre del dos mil siete . Hola bebe. Espantado y encabronado abro los ojos, era Liz acompañada de sus ciento veinte kilos. Ahhrrg, bajo mi vista , veo que también la acompaña una bolsa del Oxxo, en la cual debido a su transparencia se distinguen dos o tres caguamas heladas, listas para cumplir su objetivo, calmar esa tremenda cruda . Lo que era una tremenda mueca rápidamente se transformo en una honesta sonrisa . Muy pero muy buenos días Liz .
Termine las tres caguamas y ya entonado de nuevo recordé que tenia que ir a cobrar una lanita al norte de la ciudad , ella tenia que ir a trabajar , así que todo estaba bien acomodado , yo podría fumarme todo ese dinero en su apartamento y esperar hasta que ella regresara de su actual empleo el cual yo me había encargado de conseguirle en el frits.
Me dio sus llaves y sin mas que un ligero beso nos despedimos, hasta dentro de tres años bien le hubiera dicho.
Salí muy contento ,como todas las veces que tenia cita con la piedra. Hice la parada de rigor en el oxxo ,compre mi tonayan para el camino y listo. Eran ya las dos de la tarde el calor estaba como para hacer platica con el de alado, que, como yo esperaba la llegada del metro en la estación Huerta. ¿Que calor hace no ñor? Sin respuesta espere el metro saque mi tonayan de pachita. Le estaba dando un riquísimo y rasposo trago cuando el ruco que no había respondido a mi pregunta se acomodo un costal en la espalda con toda la intención de romper con la armonía que estábamos teniendo el tonayan y yo ,derramándolo en mi jeta y mi ropa para por fin terminar en el suelo , hora que pinche ruco le dije mirando como mi liquido se derramaba en el suelo , rápidamente lo levante y lo tape ahh mucho mas de la mitad estaba con vida , me encabrone como pocas veces , y el señor continuo sin siquiera mirarme , subió al comboy y lo seguí apenas si pude meterme y es que en esta estación sea el día que sea, y sea la hora que sea siempre esta hasta la madre , le di empujones codazos que el respondía , vamos a bajarnos en la siguiente, o me pagas mis quince pesos de mi mezcalito o te rajo toda la madre, le decía yo muy seguro. En realidad me había costado ocho pesos pero yo quería sacar ventaja, abrieron las puertas y salimos dispuestos a combatir los mirones nos acompañaban de reojo observo como se venia arremangando su camisa , esto si va enserio pensé , pero ya ni modo ni como echarme para atrás aparte las chelas y los tragos de mi mezcalito habían hecho muy bien su trabajo , algo raro estaba pasando , el ruco ya no traía su costal, miro bien, y su costal lo llevaba otro ruco, el cual cargaba el de mi verdugo y el suyo ,o sea, eran manas .No me importo, tenia que dar mi función , no le quería quedar mal a mi publico. Ala salida del metro Santana, baje unos escalones volteo y le atizo por sorpresa y ventaja el único chingadazo que solte en esa pelea , cuando despierto había un charco de sangre, intento levantarme y una señora se acerca y me dice ,no muchacho, estate, no te levantes, ya los agarramos miro alrededor y habia mucha gente , la lela , no no gracias le digo ya me voy , la sangre en el piso era bastante , yo me preguntaba seriamente , que me había pasado , no recordaba nada las copas, el calor ,y los chingadazos me tenían ausente, vivo pero ausente, me volví a recostar tras un intento fallido por levantarme , escuche sirenas , no pues seguro me atropellaron y la gente ala que según tienen detenida la lela, son los del auto , mi Tonaya, me pregunte , donde esta mi Tonayan , en medio del descontrol toque por encima mi bolsa del pantalón y con alivio sentí el bulto, aah respire tranquilo. Unos enfermeros se aproximaron a mi, me levantaron y me subieron a la ambulancia , me acomodaron la nariz llegaron y se asomaron unos policías a la ambu y dijeron ¿Cómo se encuentra el afectado? Es un 29 10 a su 28 34 o algo parecido , en el momento en que vi a policías sabia que ya todo estaba de la chingada, mi relación con ellos nunca, nunca ha sido para bien, siempre me han dado en toditita la madre.
Lo vamos a llevar al Rubén Leñero para su k 36. No, no gracias yo ya estoy bien les dije , tratando fuertemente de salirme de la ambulancia , pero toda la gente que estaba de mirona decía No, no estos le pegaron, llévenlo al hospital y a estos ala cárcel, ,esta bien esta bien señora escuchaba yo muy distorsionado e incomprensible.
Serraron las puertas me recostaron , un policía venia en la ambulancia. El tener a un policía tan cerca de mi, siempre ,siempre me ha dado nauseas comencé a respirar hondo pero no lo pude evitar , el movimiento de la ambulancia el mareo , los chingadasos, vomite , no hay cuete me decía el enfermero , yo nada mas veía la cara del oficial y de nuevo , el azul de su chaqueta y de nuevo su rostro, su gorrito.obte por no verlo mas, enfocaba mi mirada al techo blanco con estampitas de color rojo, los vivos de las medicinas , no tendrá mejor un tranquilisante pregunte al de la ambulancia , un rivotril o un pepinito por ahí es que de verdad me siento muy mal . Que listo no, dijo el paramédico mirando al poli , quien se río como en complicidad , puta ya la rege van a decir que soy un jonkie cense , no mires al poli me repetía no mires a ese poli .
En el Rubén me acomodaron mis nariz por segunda vez, me sentaron un ratote los polis por que ya no era uno eran dos , me lavaron la cara, a chinga, y ahora , que pedo con estos , de cuando acá unos polis tan a toda madre, o será que es la putisa y realmente quede loco , pues eso de que cuando el doc. Me pregunto mi nombre y le dijera Michael Jacson . no fue muy cuerdo que digamos , pero lo hice por eso de ser el michael del cervantino pero fue solo un chascarrillo de borracho , esto ya va mas halla de una broma, esto realmente estaba loco, ya cuando me dijo, tomate tu mezcal por que halla te lo van a quitar ,¿halla? , tómatelo. Pues a que hora se dieron cuenta estos putos de mi mezcal? ¿donde allá? No pues yo ya no quiero pedos mi poli ya cada quien con su vergazo, los del carro con lo suyo y yo con lo mió, mas listo , ahí muere, aun que yo traía la cara desfigurada un ojo cerrado mis dos dientes postizos ya no estaban en su lugar ,hinchado pero hinchado enserio, mariado, con el olor a hospital, la sangre tiñendo mi ropa, y ahora polis a mi lado, esto realmente estaba mal .
No pues mi chavo, es ,que , ahí no para el pedo nos tienes que acompañar, al M.P. Que? Que? como que al m.p. no yo ya no quiero pedos .Sin mas me dijeron que me tomara mi tonayan que con ellos no había pedo ,que eran la bandita , si la bandita , pero culerita, como siempre , la banda contraria , pues que paso, quince años en el rockandroll y no los voy a conocer, pero algo en mi estaba mal muy mal, pues , cabía la posibilidad de que por fin en toda esta larga vida de todologo por fin me encontraba con unos tiras banda. Chido mi poli, gracias , saque mi Tonaya a discreción y bebi aaaaaahhhh ardia todo no mames aaaaahhhh las heridas internas se manifestaban a cada trago hasta lo hinchado de mi jeta punzaba que reventaba, bebí mas , no pasa nada mi güero el que nada debe nada teme que no? Eso si mi poli ya hasta me caían bien los condenados, estaba confiando en ellos , por fin por primera vez en la vida me sentía a salvo resguardado en buen son de unos tiras ,ya en la patrulla me empine otro trago, quien me viera tomando en una patrulla , ni cuando el Said se chingo a la tira en la del odio, se vio tan cabron como yo.
Llegamos a la dele y si mis sensaciones al estar a lado de un poli son de vomitar , al estar en un M.P. se duplican , así que me dieron ganas de cagar, después de un ratito me pasaron con el super licenciado, y no pude soportar mas, ya en el escritorio me cage. Puta que mal huele decía el lic. Es que es que , estoy nervioso mi lic. A si dijo mientras los polis se medio tapaban la nariz . Pufta decía el m. p. bueno reconoces ese costal de allá , señalándome por un pasillo vi a lo lejos un costal blanco medio sucio, lo recorred me vino todo tan claro ala mente el señor del metro, la caída de mi mezcal , los empujones, las leperadas , la sangre que gracias a los polis ya no traía . Que le digo, que le digo , tengo que ser sincero cualquier mentirita me puede meter en problemas , mirando el beige de las paredes el gris del traje del lic, su corbatita azul chiclamino. Miraba a todos los de un cubículo de alado mirándome muy atentos , con caras de asombro, que madrisa le pusieron al chavo alcanzaba a escuchar, toque el ultimo traguito de mi Tonaya por encima de mi pantalón, una vez aliviado respondí, si, si lo reconozco y a sus dueños, esta bien, los perdono, ese costal es del ñor que me tiro mi mezcal apropósito dentro del metro , y quien posteriormente dada la situación en la que me encuentro , me dio esta madrisa junto con su novio, mana, o lo que sea y quien también trae un costal igualito, pero esta bien, sin rencores, nada mas que me den para las medicinas y ya no hay problema. Puta que mal huele, haber, ya rapido ,dijo el de la corbatita, es que este guey esta muy pedo para declarar, mi oficial. No, no lo que pasa es que esta atarantado , si en el hospital dijo que era Michael Jacson. Bueno esta bien esta bien , veamos , pufta, ahorita se lo llevan a las regaderas a este cabron cagon.
Pues ese costalito de patitas de pollo, que vez allá es el que te robaste, Sentí agua helada por todo mi cuerpo, punzaba mi cabeza ,la cual tenia tiempo muy olvidada , y el señor de halla dijo señalando a mi verdugo junto a su mana , es a quien se lo robaste y el de a lado es el testigo.
Agache mi cabeza recordando a toda la gente, recordando como me lavaron la cara los polis , como me dejaban beberme mi mezcal, como me tardaron después de que en el hospital me dieron de alta , como una licenciada dijo , Este tiene problemas con el alcohol, que se chinge, ya sin pensar en la gente que bien hubiera podido no meterse pues ninguno de ellos fue para venir a declarar, malditas lelas , pensé, sin mas pronuncie: No pues ya me la cuadraron bien chingon
Han pasado dos años y siete días ,y sigo esperando el día de pagar mi sentencia que fue de dos años siete meses , duermo en una celda con quince cabrones ,entre secuestradores ,asesinos, inocentes y culpables ,los cuales todos vestimos el color beige de nuestra impotencia esperando ese día tan anhelado en el cual obtengamos nuestra libertad,

viernes, 18 de junio de 2010

La cana, con Canerousse* no ilustrado

Dentro de este reclusorio, lo primero que se te ocurre es hacer un libro y contar cómo pasan tantas cosas desagradables para uno cuando llega. Pasa el tiempo y otros pensamientos ocupan la cabeza. No hay tiempo para leer y para escribir, porque tienes que estar atento a que el cantón esté limpio, no falte un traste, y si éste está sucio, te preocupes por lavarlo, no vaya a ser que te den en la madre. Otros días, en lugar de preocuparte por leer o escribir, te preocupas por quién te vio mal, o quién habla de ti para golpearte, y así sacar su ira, puesto que el encierro a eso te lleva, y peor si estás pagando una condena que no es la tuya.

Aquí por lo regular todos somos pagadores*. Pocos son aquéllos que aceptan el delito por el cual se están chingando. El chiste es que por una razón u otra estamos aquí. Es que la cárcel ya nos reclamaba, andábamos mal, nuestro lugar por ahora es éste, ya sea para reflexionar y rehacer el camino o para hundirnos más en la mierda.

Se puede de las dos maneras, una buena y otra mala. Hay tiempo para recuperarte si lo deseas, hay tiempo de sobra. Lo único que el penal te exige es pasar lista: la primera entre 7 y 8 de la mañana, la de la tarde entre 3 y 4, por la noche entre 6 y 8. Dependiendo del turno, debes estar atento y pasarla. Si te cuelgas, valió madre: ya te andan buscando grite y grite tu nombre por todo el reclusorio. Si no tienes para pagar tu multa, ni pedo: pagas con castigo en el diez pueblo* quince días y vuelta si bien te va. Si no, quince días de apando* y un mes de población aguantando.

En fin, con el encierre o la privación de la libertad no hay problema. El verdadero problema radica en la convivencia con los demás internos: no es lo mismo un güey que se robó un pomo de algún centro comercial, a otro cabrón que secuestró a su primo. En el kilómetro* tienes que caminar como buen cabrón; si no, ya te roban o empujan. No falta el comentario de alguno que te dice “yo te mato hasta por un pepino”, y órale cabrón, dile algo… Bajo esta presentación, no creo que a nadie le parezca conveniente. En el dormitorio, el año pasado, un cabrón mató a otro por la disputa de una naranja, y es que no es sólo la naranja, sino cómo va a poder él más que yo. En fin, cualquier comentario mal hecho puede ser razón para que otro libere su ira.

La cárcel puede tomar otro rumbo, el malo, si tu elección es la de drogarte. Fumado* –como aquí se nos dice–, tienes que soportar ser golpeado por cuanto cabrón se le antoje, humillado, no tienes dinero y el dinero que te llega a las manos es poco para lo que lo utilizas, no te rinde, no tienes ni para la lista y desde ahí comienza tu némesis: nadie te respeta, no se te pide opinión para ni madres, se pierde algo y tú eres el culpable, cualquier iracundo se descarga en ti. Pasar por el diez pueblo no es ninguna novedad para un fumado, ya sea que te metiste en un lío para poder conseguir más droga o simplemente fuiste el pagador de alguna persona. En fin, ya pasé por esa etapa y me fue muy mal.

Aquí en la cárcel hay tiempo para todo. Si lo que más te gusta hacer es rascarte los sobacos, lo puedes hacer y practicar hasta convertirte en un gran maestro. También puedes tomar un curso intensivo de ocho horas diarias de cómo tocar las maracas y lograr tu doctorado. Hay cursos que valen la pena, otros no tanto. Si quieres leer, está la biblioteca donde puedes encontrar libros clásicos, otros no tanto, enciclopedias, libros de arte. Si tienes la preparatoria, la Universidad de la Ciudad de México tiene aquí ya tres carreras. Si tu atracción es por el arte de la pintura, también hay un taller de artes plásticas donde puedes aprender a pintar y leer en torno a la historia del arte, entre otras cosas.

Muchas personas se encuentran al candado*, pudiendo regresar a la estancia* hasta que apanden, pues muchas de estas personas tienen tiempo de sobra para integrarse a alguna actividad: el problema es que no queremos o nos da flojera.

Pero cuando tienes el interés de cambiar, de superarte, la misma cárcel te pone barreras. Para empezar, tienes que haberte desocupado de la fajina*, no tener ese tipo de responsabilidad. Una vez que tienes tiempo libre, quieres leer un libro, y vale madre, llegan los comentarios: “Este güey ahora sí quiere leer, no mames, pinche intelectual”. Si tu interés es por hacer ejercicio y te levantas temprano para ir a correr, te dicen: “No mames, güey, si no corriste cuando te agarró la policía, ahora sí quieres correr…”. Y si tu interés es por escribir, peor; te dicen que ya te estás desinflando*: “Mira este güey ya está de puto escribiendo, diciendo todo lo que pasa”.

Todo esto, si lo superas y lo tratas con humor, incluso es divertido. El chiste es no chocar, que los comentarios no te enfurezcan, reírte de ellos y, listo, estás del otro lado. Pero si te ofenden y llegas a enojarte, te derrotan y terminas sin hacer nada, cayendo en su juego.




Lo que nos regala la lectura dentro del penal es libertad. Cuando uno empieza cualquier lectura, se olvida que está uno encerrado. El espacio que da la imaginación nos hace transportarnos a las calles de París si estás leyendo Los misterios de París. A esas playas de California, si leemos un atlas geográfico del Mar de Cortés. En fin, el leer tiene muchas ventajas. La primera y más importante es la libertad: olvidarte del encierro, las horas pasan volando, el enclaustramiento ya no es tan fuerte, te distraes, enriqueces tu vocabulario, lo que te da nuevas posibilidades.

Para poder darte el lujo de leer, ir a la escuela a tomar cursos o rascarte los sobacos, tienes ya que haber pasado por lavar trastes, limpiar el cantón, llenar cubetas de agua para toda la estancia, donde llegas a vivir hasta con 20 compas en dormitorio y 30 en anexo* por celda. Al llegar uno nuevo, te reemplaza en tus labores (esto dura de 2 a 8 meses), pero en ocasiones llegan cabrones y se van, porque salieron absueltos de culpa o porque alcanzaron fianza. Entonces, vuelves a bajar al quehacer que aquí llamamos fajina del cantón. También hay fajina de dormitorio: tienes que hacerlo y trapear tres veces al día durante tres meses. Una vez que ya no tienes fajina, sientes libertad, tienes tiempo para ti. Ahora sí te puedes dar el lujo de leer, o hacer lo que más quieras…



Pequeño Canerousse no ilustrado

• Al candado: prohibición de permanecer en la estancia, a partir de que se pasa la primera lista.

• Anexo: espacio que se convierte en celda, en habitación, cuando los dormitorios principales se saturan insoportablemente; por ejemplo, un comedor puede convertirse en anexo, y allí suelen vivir personajes particularmente conflictivos en un régimen de escaso control.

• Apando: zona de aislamiento y castigo en solitario.

• Cana: cana, canero, Canerousse y todas sus formas derivadas aluden a la cárcel, la cana.

• Desinflado: persona que habla de cosas que deberían quedar dentro de los muros de la cárcel, de acuerdo al código carcelario de ver, oír, callar.

• Diez pueblo: dormitorio de castigo donde se encuentra lo más selecto del personal de la prisión. Si en la cárcel está lo peor de la calle, en el diez pueblo se ubica a lo peor de la prisión.

• Estancia: la celda, la habitación.

• Fajina: trabajo que realiza un prisionero como pago de piso para ganarse su lugar en la estancia, hasta que un recién llegado lo releve.

• Fumado: persona que fuma piedra.

• Kilómetro: andador principal que pasa por todos los dormitorios y en torno al cual se mueve y realiza sus actividades el grueso de la población.

• Pagadores: personas que están pagando por un delito que no cometieron, pero a quien las autoridades, con tal de presentar a alguien, lo hacen pagar con el primer pendejo que se les aparezca, o alguien que les es encargado.

Las chinches y los Laicos

Desperté. Salí del sarcófago que es mi lugar para dormir dentro de la celda y que está situado debajo de uno de los seis camarotes que hay aquí. Tiene una altura de un cuerpo y medio recostado. Puesto que apenas llevo dos años en el Reclusorio Norte, todavía no tengo derecho a un camarote. Tengo que esperar hasta que se vayan libres los que actualmente los ocupan y suban los que les corresponda, es decir, los que llevan más tiempo durmiendo en el piso, y así hasta que sea mi turno: tengo que esperar a que suban a camarote otros ocho más viejos que yo y que ya están durmiendo en el piso, formándose como buenos cabrones.

Me dirigí al mercado, dispuesto a comprar una lamparita con la cual alumbrarme en la oscuridad total de la madrugada, cuando sintiera la picadura de una chinche o un laico. Iba completamente encabronado: la noche anterior no había podido dormir, pues las pinches chinches y laicos se habían encargado de despertarme y quitarme el sueño. Prendí mi encendedor, pero al querer matar a la cuarta bestia, ya no prendió más, porque se le había roto la piedra. Entonces, compré una lamparita plateada cuyo costo era de diez pesos, pero con la regateada me salió en siete.

Ahora sí voy a acabar con ellas, una por una: les he declarado la guerra. Al llegar la noche, tomé dos tazas de café para no dormir, fumé un cigarrillo. El nervio me empezó a correr por las venas. La cafeína estaba surtiendo efecto. Tendí dos cobijas que sirven de colchón, pues en ese espacio o entra un colchón o entro yo. Sobre las cobijas, un plástico donde las chinches y los laicos no se pueden esconder. Enseguida, la cobija con la que me cubro, y listo.

Sólo esperaba que apagaran las luces y la tele, para empezar el combate. Tenía ya listas la lámpara y el encendedor para quemarlas. Había hecho ya las correspondientes pruebas: la lamparita alumbraba como luna llena en carretera desierta.

Todo está preparado. Me meto a mi sarcófago, me pongo los audífonos y escucho gaba-gaba. La música hace que me aísle y no entre en plática con mis compañeros de celda, quienes se encargan cada noche de platicar sus anécdotas de malhechores y discutiendo por quien era más malo o quien se la había llevado más que otro. Entre ellos, mal clasificados, hay un asesino, un secuestrador, otros ladroncillos de menor importancia. Pero aquí todos somos de color beige y no importa quién es más malo o más grande o más rico: a la hora de los chingadazos, todos somos iguales, nadie es menor que otro.

Acaba el programa de la radio, después de media hora de tranquilidad, siento el primer piquete, enciendo la lámpara y dirijo la luz adonde sentí el chingadazo y ¡cámara! Una puta chinche, que al ver la luz trata de huir. La persigo con el haz luminoso. Al ver que no puede huir, que es inútil seguir huyendo, como cuando pasan en las noticias que un ladrón es perseguido y alumbrado desde un helicóptero, así, así sigo a esa pinche chinche roja. Trata de camuflajearse con mi cobija que también es de color rojo sangre. La quiero quemar, pero como soy inexperto en esta guerra no preparé el encendedor, y ahora, o alumbro a esta cabrona, la cual no permitirá que me distraiga, o agarro el encendedor. Opto por matarla con mi dedo índice, con el cual la aplasto con tal fuerza que me lastimo el dedo. Ja, ja, ja, muere hija de tu pinche madre, a güevo –grito–.

–¿Ora qué, cabrón? Cállate. La gente ya está dormida. ¡No mames!

Mi alegría era tanta, que no quise discutir. En otro tiempo, este suceso hubiera podido acabar en tragedia, pero no era el momento. Recién comenzaba la guerra. Había soltado la primera bomba, sabía que sólo era el inicio de mi combate contra las chinches y los laicos. Seguro había otras observando la situación. La luz había alertado hasta a las más pequeñas de todas. Después de retomar mi posición, sentí un piquete en el dedo gordo del pie derecho. Me levanto y me doy un chingadazo con el camarote, chingadazo que me hizo ver luz sin necesidad de prender la lámpara. ¡Ay, me dolía! No estaba acostumbrado a hacer este tipo de movimientos tan repentinos. Debía poner más atención en lo que hacía, debía practicar.



Revisé el terreno, ese terreno rojo sangre y, ¡órale!, ahí estaba. No estaba sola, sino acompañada por otra más grande y de color naranja con rojo: era la teniente acompañada de un cabo, la más grande detrás. Se habían venido a presentar, me querían ver de cerca. No las aplaste instantáneamente, las veía, y ellas a mí. A cinco centímetros de distancia las tenía. No se movían ni yo tampoco. Me estaban tratando de explicar algo como de llegar a un acuerdo, pero yo no supe como dialogar con ellas. La primera bomba había sido soltada y ellas respondieron con otra.

La guerra podía ser parada, pero como yo no me iba a aventar de reversa. Seguían allí. Estuvimos largo tiempo observándonos sin podernos comunicar ni llegar a un acuerdo. Ahí estaba yo con mi lámpara en la mano. Quisieron emprender la retirada. Pero, cómo, ¿se van? ¡No!, ni madres, mi encendedor, puta madre, lo había vuelto a olvidar, chingao, las aplasté. Primero a la más grande. Soltó tal cantidad de sangre, que se podía ver claramente en mi cobija color sangre. La otra, al ver esto, se quedó quieta, entró en shock, observaba el cuerpo de su superiora, permaneció petrificada como medio minuto, después volteo y se me quedó viendo con tal cara de horror y odio que del color rojo pasaba al naranja, y así sucesivamente. De pronto, comenzó a correr a gran velocidad alrededor de la chinche muerta, hacia arriba y hacia abajo, de un lado a otro, estaba desorientada. Para terminar con su agonía y satisfacer mi odio hacia todas ellas, la aplasté.

Recordé que muchos de mis compañeros las aplastan con el dedo y después las huelen. Dicen que huelen a madres: por qué las huelen entonces… Es como cuando se mete uno la mano dentro del pantalón y después se lleva los dedos a la nariz. Me parece algo similar, nada más que en ese caso son nuestros propios olores, pero en la chinche es sangre de Chan y Chano, así que mejor no lo hice, me dio asco.

Juan, que despide un olor a pasuco (patas-sudor-cola), porque se baña una vez por semana, duerme debajo del camarote que está enfrente de mí. Se despertó con la luz de la lámpara.

–¿Todo bien, mi pulpo?

–Todo bien. Aquí, arreglando un pedo con unas chinches, nada grave. Tú sigue durmiendo.

–Está bien mi pulmex, hasta mañana.

Este cabrón no es de peligro, y las chinches no le preocupan. Es más, esas cabronas, estoy seguro de que lo conocen muy bien y no les apetece su sangre. Por eso vienen a mi lugar, se quieren alimentar.

Pasaron diez minutos y nada. Comenzaba a extrañarlas. Me dije: ¿habrán sido todas? A lo mejor eran las únicas. Error: sentí un piquete en la espalda, otro en la pierna y uno más en la nalga izquierda. Hijas de su pinche madre, están atacando en tres partes a la vez. Ahora sí, con encendedor en la mano, me encargué primero de la que picó en la espalda. Una vez quemada, dirigí la luz a la altura de la cintura. Iba una y su camino estaba señalado por ocho ronchas. Estaba muy encabronado con ésta y quería hacerla sufrir, pero ¿cómo? Tuve que aplastarla. ¡Chale! Me dije: cómo no tengo más manos. Me dicen “pulpo”, por los tatuajes que traigo, pero no por mi habilidad con las manos. En fin, seguí a la tercera y acabé quemándola.

Me acomodé en el sarcófago. Estaba un poco agitado, pues sabía que no era todo, que vendrían más, y las aguardaba con gran ansia. Se me antojó un cigarro. Lo prendí mientras buscaba mis audífonos y no los encontraba pues, en el irigote de moverme y acomodarme, los extravíe. Prendí la lámpara y los vi ahí, aguardando a ser útiles. Puse música mientras disfrutaba el cigarro.

Estaba escuchando una rolita, y el sueño ya empezaba a rondarme. Miré el reloj y eran las 5 AM. No mames, no puede ser, no he dormido ni madres y mañana voy a la Universidad, tengo que descansar…

… a la goma la Universidad. Tengo que acabar esta guerra que inicié. Si dejo vivir a estas hijas de sus pinches madres, mañana volveré a estar como los otros días, durmiendo a medias. Pero no volvieron a atacar esa noche. Desperté a las 9:30, porque me movieron para lavar el cantón. Si no, me hubiera seguido. Realicé mis actividades de costumbre.

***



La noche siguiente, tenía todo preparado, había hecho ya las pruebas correspondientes. Únicamente tenía que esperar a que se apagarán las luces y a que llegara el primer ataque. Al meterme al sarcófago y acomodarme, les envíe unas luces como para avisarles que estaba listo, que podían empezar a la hora que quisieran. Ya no tomé café, porque no me dejaba coordinar bien mis movimientos, estaba agarrando callo. Prendí mi aparatito, busqué 105.7, logré sintonizarla después de varios intentos, acomodé el encendedor al lado de la superlámpara y, listo, esperé y esperé. No se dignaban a aparecer.

Pero de repente sentí un piquete a la altura de la axila. Rápidamente me quité la playera y la alumbré: nada. ¿Ahora qué? No hice mucho movimiento, algunos de mis vecinos seguían despiertos, y tener chinches o laicos es muy mal visto. Aquí, los portadores somos rechazados, humillados y tachados de sucios, aunque no sea mi caso, porque me baño diario y lavo mis cobijas cada mes aproximadamente.

Estaba escuchando una rola de los Rolling Stones, cuando sentí un piquete que me ardió y dije: ¡Puta!, ésta no es una chinche. Dirigí la luz hacia la zona del piquete y, después de alumbrar por todo el territorio, la vi. Ahí estaba, emprendió una veloz fuga, parecía tener mil pies, iba en chinga. Prendí el encendedor y la calciné. Desprendió un pinche olor horrible, horrible es poco. Esta cabrona no sé de quién traía sangre, pero el olor era mortal, insoportable. Me hizo recordar cuando mi padre, que fumaba y tomaba mucho, se llevaba el dedo gordo de la mano a la boca, lo ensalivaba y me limpiaba la cara; cuando él daba la vuelta, yo corría a lavarme la cara, pero el olor de su saliva permanecía en mi rostro; recién se disipaba si me ponía pasta de dientes como mascarilla. Pues así era este olor de penetrante. Por eso, decidí no volver a quemarlas; prefería mojarme el dedo con su sangre. Su futuro sería morir aplastadas.

Dormí un poco. Me despertó un gran ataque. Tenía comezón en todo el cuerpo: las rodillas, los dedos de los pies, los testículos.




Grité: “¡Qué poca madre!”. Ya bastante tengo con esta condena, y ni siquiera fui yo quien robó a ese puto que me madreó: nos aventamos un tiro en el metro Guerrero, me deja inconsciente, la gente lo agarra, el cabrón dice que lo estaba robando, y como yo venía ebrio no me creen; me acusa de robo y todavía me manda chingar, ¡no mames! Acá tengo que soportar la convivencia con puros ojetes que al principio me pegaban; ya no me viene a ver ninguno de mis amigos; mi mamá todavía tiene dudas de mi comportamiento; no tengo beneficios… y todavía tengo que soportar a estas hijas de sus pinches madres. ¿Por qué, Dios? Yo no he sido tan culero en la vida. Sí me la fumaba, tomaba como bárbaro, pero no es para tanto, de verdad que no.

Prendí la lamparita, alumbré toda mi cobija, centímetro a centímetro y nada. El ataque había sido un éxito. Se dispersaron sin perder un solo elemento. Deben de haber estado practicando su ataque, mejorándolo todo el día, mientras yo perdía el tiempo en cursitos, durmiendo y leyendo a un tal Jorodowsky. Alumbré y alumbré. No encontré nada.

En el diccionario, únicamente dice: “Insecto hemíptero, de color rojo oscuro”. Yo ya las conozco: son rojo con naranja, cuerpo muy aplastado. Aquí están gordas como puercos, de cuatro o cinco milímetros de largo, antenas cortas y cabeza inclinada. Es nocturno, fétido y sumamente incómodo, pues chupa la sangre humana taladrando la piel con picaduras irritantes. Díganmelo a mí, que además de la sangre, me han sacado hasta las lágrimas y uno que otro pedo, pues al estar bien entrado en el sueño al sentir su piquete me despierto espantado.

Volví a asentir dos piquetes, uno en la espalda. Busqué minuciosamente: ahí estaba, era un laico, un cabrón laico del tamaño de una cabeza de cerillo, todo transparente pero con una panzota de barril. Se quedó tieso en cuanto sintió la luz.

Pero, ¿cómo matar a un laico? Éstos no pueden ser aplastados. Se les da muerte por lo regular aplastándolos entre dos uñas. Yo no podía porque con una mano tenía que sostener la lámpara. Al ser aplastados, los laicos suenan como chicle masticado por Karen, la tortillera de la esquina de mi casa de allá afuera. Tuve que pararme al baño, prender la luz y darle muerte al cabrón.

No puede ser… ahora también me atacaban los laicos, habían unido fuerzas. La bronca con los laicos es que tienen camuflaje, y sólo cuando ya están hartos de vivir se quedan en el lugar que pican. Por lo regular, chupan y se retiran; el dolor viene después, cuando ya se han marchado del lugar donde picaron, ahí empieza una comezón del carajo.

No recuerdo a qué hora me venció el cansancio.

Al día siguiente, por la tarde, platicando con el Nacho, me advirtió:

–Llegan por la cortina del tío, por el baño, por la parrilla, por las cajas que se elevan a esta altura. Pero el problema te ha de venir de las cortinas del Padre Amaro.

–¿Tú crees?

–Claro, hay que revisar. ¿De dónde más van a venir si lavamos ahí a diario?

–Tienes razón.

Comenzamos a explorar la cortina de Raúl, el Padre Amaro, y, ¡mocos!, ahí estaba su base, el escondite. La cortina tiene un doblez para que el cordón corra de un extremo a otro. Ahí es donde se esconden. Prendí el encendedor, lo acerqué, y el Nacho me empujó la mano.

–No mames, güey, le vas a quemar su cortina.

–Me vale madres. No sabes lo que estas hijas de sus pinches madres me han hecho.

–Sí, a mí también me pican.

–¿Entonces, güey?

–Espérate, vamos a aplastarlas.

Y con las dos manos comenzó aplastarlas, una tras otra, llevándose de vez en cuando los dedos a la nariz y diciendo: “¡Puta, huelen a madres, huelen a madres…!



Para saber más sobre Israel Ocampo

Raúl Casado, coordinador del taller donde Israel Ocampo produce sus textos, nos cuenta más sobre este autor: “Pronuncio el apodo de Israel Ocampo, Superalvin, e inmediatamente escucho una carcajada y me llega la imagen de un diablo pícaro, cachondo e irreverente, con un bigote a la Gutiérrez Nájera pero con diversos cortes e incisiones en ese complicado cuerpo de pelos. Se suma una expresión burlona y cábula en el rostro, muy simular a la de las máscaras de los fariseos que durante Semana Santa recorren los caminos de Michoacán, saliendo al paso y exigiendo que cooperes para los gastos de la Pasión de Cristo, y a los que inevitablemente terminas apoyando, no llevado por las amenazas de sus varas trenzadas de espinas, sino por su gracia y silente bufonería.

Versión siglo XXI del Periquillo Sarniento, de Fernández de Lizardi, así es Superalvin, por su ingenio y actitud desenfadada ante la vida. Andador incansable de lo barrios de la ciudad de México antes de la reclusión (y seguramente después de ella, también), artesano, aprendiz del arte pictórico, novel y desaforado escritor que, cada lunes que lo veo, entrega un nuevo texto. Poseedor de una envidiable capacidad para escribir al modo en que habla. Fabulista y fantaseador de tiempo completo. Lector devoto de Bukowski. Aficionado al tatuaje. Lo conocí en septiembre de 2008, cuando participó en el curso “Narrativa del tatuaje”, patrocinado por la Subdirección de Capacitación de la Secretaría de Cultura del D.F.

Vayan, por ahora, saludos para ti, Mefisto chilango, hedonista en el corazón de la miseria”.